Nació el 14 de abril de 1984 en Quito. Hijo de madre soltera, creció como un niño fuera de lugar: inadaptado, silencioso, atraído por los espacios que los demás evitan. Los cementerios, los patios vacíos, las tardes que se apagan sin que nadie las reclame. A los doce años empezó a escribir. No por mandato escolar ni impulso romántico: por necesidad, por la urgencia de nombrar algo que ya entonces pesaba demasiado.

En 1998 ingresó a un internado donde transcurrirían cinco años que lo definieron sin quebrarlo. El encierro y el silencio forzado fueron, paradójicamente, el terreno donde germinó su universo literario. Ahí leyó con asombro a los románticos, los decadentistas, los existencialistas, los poetas malditos. De esa suma nació lo que el propio autor ha llamado Oscurantismo Existencial: una postura estética y filosófica que no es escuela ni manifiesto, sino el corazón de toda su obra.

Su poesía asimila varias tradiciones sin rendirse a ninguna. Del Romanticismo toma la grandeza del dolor; del Modernismo, la voluntad de belleza trágica y musical; del Decadentismo, la oscuridad de lo que perece; del Existencialismo, la herida desgarrada ante la nada. De esa confluencia emerge una voz singular en la poesía ecuatoriana contemporánea: densa, elegíaca, sin concesiones al sentimentalismo. Sus temas —la muerte, el amor sin respuesta, la soledad, la locura, lo macabro, el diablo como figura de la lucidez— no son decorados góticos. Son territorios que el autor habita con consecuencia y rigor.

En 1996, escribió sus primeros poemas. Uno de ellos, Funeral, abre con dos versos que lo dicen todo: "Una dama hermosa vino a visitarme, / su nombre es la muerte". En esa imagen —la muerte como visita femenina, como presencia que llega sin avisar pero sin violencia, casi con la naturalidad de quien conoce la casa— está ya el núcleo de lo que sería su poética: la muerte no como ruptura ni como horror, sino como interlocutora. Anticipa ya con exactitud el territorio que habría de recorrer durante tres décadas.
Actualmente administra poesiaoscura.com y mantiene también su sitio personal en diegoriofriovivanco.com. Fundó los grupos de poesía El Círculo del Delirio y Cortejo Fúnebre —ambos extintos, ambos seminales en la escena underground quiteña—, dirigió y produjo el sello Romance Nocturno, edita la revista digital Cenizas de Rosas y dirige actualmente la Editorial Elegía.

Sus poemas han sido musicalizados por las bandas Midnight Spirit y Necrothica —agrupación a la que también aportó el nombre—. Ha participado en el Goth Valley, primer megafestival gótico del Ecuador; en los eventos del Vampiria Dark Club, primer bar gótico de Quito; y en recitales que lo vinculan orgánicamente a la cultura oscura latinoamericana. Formó parte del Encuentro Virtual de Poesía Oscura convocado por el Movimiento Rebelión Underground.

Su obra aparece en el compilado digital Regina Lacrimae (poesía gótica ecuatoriana); en la antología Poemas de la noche (Editorial Ojos Verdes, España, 2015); en VerS.O.S. III (Ediciones de Letras, España, 2016); y en la revista Nictofilia (Perú, 2016). Sus versos han circulado en la ecuatoriana Historias del lado oculto, en Siniestro Magazine (Loja, 2021), en el programa radial La sinfonía de la noche de Radio Universal de Buenos Aires, y en la Quinta Edición de Letras Nocturnas en Ciudad de México.

De su vida personal conserva un hermetismo deliberado y coherente. Lo que importa, sostiene, es lo que queda en la página. El resto pertenece a esa sombra que, en su caso, no es evasión sino materia prima.